Si yo quiero y puedo, ¿por qué no logro mi objetivo?

A menudo me encuentro con personas que se lamentan de una manera muy similar de no conseguir alcanzar los objetivos que se proponen: “Tengo claro lo que quiero y también las herramientas para conseguirlo, por qué no logro mi objetivo?

Y casi siempre el motivo es el mismo, y tiene como residencia el mismo lugar, nuestro subconsciente. Sigue leyendo y te daré, además, su nombre.

Querer lograr algo es uno de las columnas esenciales, de los pilares, para los cimientos de la construcción de nuestro objetivo, y que, además, soportará todos los demás ladrillos, que son muchos, que vendrán posteriormente.

El hecho de querer conseguirlo, es el desencadenante para que todo ocurra, la fuerza primaria que cataliza todo dentro de nuestro cerebro para dar el primer paso hacia el logro de nuestro objetivo, es un acto consciente que nos impulsa hacia una dirección, y que, salvo alguna excepción, Ej. nos dan un ascenso sin que lo hayamos solicitado, y quizá también podríamos discutir si es excepción, es absolutamente imprescindible para poner la maquinaria en marcha.

Querer que ocurra algo, y “contárselo” a nuestro cerebro, focaliza toda nuestra energía, y predispone a nuestro cerebro para buscar los caminos que nos acerquen, y en última instancia nos hagan llegar, al destino deseado. Nuestro cerebro es una máquina perfecta de responder preguntas y de encontrar soluciones y alternativas para todo lo que se le plantea.

El segundo de los pilares de la construcción es el Poder, y no me refiero a la autoridad, me refiero a tener la capacidad necesaria para que algo ocurra. No podré ejercer como Doctor en Medicina, si NO PUEDO porque no tengo la titulación necesaria. No podré crear un emprendimiento exitoso, si NO PUEDO porque no conozco a mi “buyer persona”, si desconozco el sector, si no me rodeo de la gente adecuada, etc ..

Y, por lo tanto, este segundo pilar también está más en nuestra parte consciente. Si no puedo, porque no tengo la capacidad, ¿cuál es la solución? Exacto, conseguir tener esa capacidad. Si quiero ejercer como Doctor en Medicina, tendré que obtener la titulación necesaria.

Hasta aquí nos encontramos con dos elementos (querer y poder) que están en nuestra parte consciente y que son, por tanto, elementos que podemos impulsar, y trabajar de manera consciente. Son las variables más sencillas de despejar de nuestra ecuación.

Hay una tercera variable, un tercer pilar, que como decía al principio, se aloja en nuestro subconsciente, razón por la cual se complica el trabajo con ella. Esta variable es el “MERECER”. ¿Me merezco conseguir este ascenso? ¿Me merezco una casa como está? ¿Me merezco ….?

Cuando alguien, en algún proceso de coaching, en alguna formación o en alguna conversación me dice que no sabe porque no logra alcanzar su objetivo, lo primero que pienso es que la primera variable, el “Querer”, ya está presente, si no, no lo verbalizaría.

Indago entonces sobre la segunda, el “Poder” (de capacidad), y no suele ser tampoco el problema, y cuando lo es, es más o menos sencillo de solucionar, si no tienes conocimientos sobre X, deberías adquirirlos, si no tienes experiencia suficiente para un puesto más senior, es cuestión de adquirirla, etc…

Y llego, entonces, a la tercera, el “Merecer”. Habitualmente, y en el mejor de los casos, a la pregunta ¿Crees que te mereces lograr este objetivo? la respuesta es “creo que sí”. ¿Creo que sí? ¿No estás convencido/a de ello? ¿Crees que Bill Gates, Carolina Herrera, Elon Musk, Oprah Winfrey, Jeff Bezos, Steve Jobs, etc … no estaban absolutamente convencidos y convencidas de que se merecían el éxito que han tenido con sus empresas?

La dificultad de esta variable radica en que, como decía al principio, reside en nuestro subconsciente, y que está alentada por nuestras creencias … limitantes, aquellas que, en lugar de impulsar al éxito, nos ponen trabas para conseguirlo.

Nuestras creencias, tanto las limitantes como las potenciadoras, se han ido conformando en nuestro cerebro desde antes de comenzar a ser conscientes de nuestros actos. ¿Cuál es tu primer recuerdo? Pues antes de esa fecha, en tu cerebro ya se comenzaron a instalar las primeras creencias. Nuestro entorno social, cultural, familiar, nuestra propia experiencia vital, sirven como base para “generalizar”, y con ello nuestro cerebro ahorra energía, lo que yo me digo sobre algo, “Siempre me ocurre a mí”, “Nunca me darán ese ascenso”, “Todo el equipo está en mi contra” … el peligro de las creencias limitantes es que no se fundamentan en datos objetivos, sino en, como digo, una generalización de mi experiencia pasada, que limita mi felicidad futura.

No somos conscientes de nuestras creencias, porque como hemos visto, es un proceso, el de generalizar, que nuestro cerebro realiza para optimizar la energía que consume y poder tomar decisiones más o menos ágilmente, aunque como ves, no siempre nos proporciona la mejor información para la toma de esa decisión.

¿Cómo podemos detectar nuestras creencias?

Hay una pregunta que suele ser clave para evidenciar mis creencias limitantes, que son las que nos preocupan para lograr nuestros objetivos:

¿Qué me impide conseguir XXXXX?

La respuesta habitualmente es una o varías de tus creencias limitantes. Haz la prueba, piensa en algo que te está constando lograr, ¿qué te impide conseguirlo? …

Como decía en un párrafo anterior, las creencias impactan de manera importante en la tercera variable “el Merecer”. Ya sabes cómo puedes comenzar a detectar tus creencias limitantes, y una vez detectada, solo te queda desmontarle a tu cerebro esa creencia limitante, y buscarte una aliada que te sea de más ayuda, las creencias potenciadoras.

El “Merecer” y los equipos de trabajo.

Un equipo de trabajo funciona como un organismo vivo con sus emociones, comportamientos, creencias, identidades, etc.. propias como equipo. Lo que ayuda a explicar porqué algunos equipos no son tan efectivos y “de alto rendimiento” como otros. Sí, no es la única razón, pero es una razón muy importante.

Si en el equipo A existe la creencia de que no es tan eficiente como el equipo B, aún perteneciendo a la misma organización, y por lo tanto contando con los mismos recursos, este equipo A nunca logrará equipararse al equipo B hasta que no se detecte la creencia limitante y se desmonte dicha creencia. Y sí, si no es sencillo en el caso individual, en un equipo suele ser algo más complejo, pero no imposible.

En resumen, tanto individualmente, como en los equipos, el “Merecer”, y las creencias en las que se suele apoyar ese Merecer, marcan la diferencia de tener éxito o de tener “un aprendizaje” más. Dedicar tiempo a la introspección, tanto individualmente, como a nivel de equipo para identificar aquello que esta en el subconsciente (individual o colectivo) es invertir en aumentar exponencialmente la probabilidad de éxito.

Por cierto, en el programa IM-PA-RA-BLES de Lidera Tu Cambio, uno de los siete workshops está dedicado por completo a las creencias limitantes, como detectarlas y como gestionarlas.

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